Némesis

Extractos del diario personal del teniente Roland

Bitácora - Sesión 2 (Conflicto)

No me gustó este planeta desde el principio.
En el mismo instante que bajamos a la superficie, lo supe. Lo supe porque allí no había nadie, ningún signo vital en las arcologías, ningún superviviente. Lo que yo había imaginado como una misión de pacificación o al menos de contacto y asimilación, había quedado reducida a la exploración de un planeta muerto.
A pesar de ello, me presenté voluntario para formar parte de la avanzadilla que trataría de activar el sistema principal de la arcología más importante. De haber un momento de gloria, lo más seguro es que fuera allí. El resto de mi equipo lo conformaba James Callahan y su mujer, dos sucios mercenarios, Elisa Hernández, auxiliar médico, Dr. Deveraux, jefe médico, Dr. Arguer, xenogeólogo, Yakov Seurel, diplomático, y Grant, coronel del ejército de la expedición. Demasiada gente para mi gusto, y mucho inútil, pero obedezco órdenes y no me quejé.
Durante el viaje de camino a la arcología, el xenogeólogo insistió en hacer una parada para que pudiera explorar unas cuantas rocas. El coronel accedió, a pesar de que la parada, no planeada, podía poner en peligro la exploración y retrasar el objetivo de la misma. El científico pareció muy excitado con lo que sea que encontró. Por lo visto Uvenn dispone de grandes yacimientos minerales. En aquel momento, observé una sombra moverse por el pantano. Juro por lo más sagrado que algo se movió, aunque los sensores no detectaron nada. ¿Un animal? ¿Una persona? No lo sé, pero allí había algo. A pesar de mis reticencias, continuamos el camino.
Fue cuando llegamos a la arcología cuando se produjo el primer incidente: el vehículo recibió el impacto de una mina casera; un artefacto primitivo dejado allí mucho tiempo atrás, que reventó nuestro transporte y nos dejó aislados en la arcología.
Pronto se tomaron decisiones y nos dividimos en dos grupos para trata de llegar lo antes posible a la sala de control. Por el camino encontramos evidentes señales de lucha, destrozos de todo tipo y puertas selladas. Resultaba claro que allí se había producido algún tipo de lucha o revuelta, pero no teníamos tiempo de investigar al respecto; nuestras reservas de aire eran limitadas y había que darse prisa.
La mujer del mercenario sufrió un percance al quedar atrapada por una de las puertas hidráulicas. Eso añadió aún más presión. Si no encontrábamos la sala de control pronto, perdería la pierna, de acuerdo con las indicaciones del jefe médico.
Antes de alcanzar nuestro objetivo, dimos con uno de los gigantescos jardines hidropónicos de la arcología. Sorprendentemente, algunos cultivos se mantienen en buen estado de conservación.
Fue allí donde nos asaltó el animal extraño: una especie de sabueso, del tamaño de un caballo, que parecía adaptado al propio planeta y al que no le gustó demasiado que invadiéramos su territorio. Mientras que el coronel lo distraía, conseguí situarme en su flanco, y disparar con precisión a su cabeza. Acabé con su vida allí mismo. Fue un disparo fácil, y no puedo evitar reconocer que me decepcionó un poco que el combate fuera tan sencillo. Creo que no encontraré en este planeta ningún desafío a mi nivel.
Sea como fuere, después del incidente, llegamos a la sala de control y reiniciamos el sistema. Se sucedió una discusión al respecto, ya que el reinicio suponía que la puerta que atrapaba la pierna de la mujer se cerrara, pero el coronel y los demás lo tenían bastante claro: el bien de muchos se impone al bien de unos pocos. No obstante, tras la insistencia del político y el xenogeólogo se bloqueó la puerta para evitar la amputación de la mujer. Tuvimos suerte, y la caja de herramientas que se usó, aguantó suficiente para sacarla de allí.
Una vez activado el sistema principal, enviamos un mensaje de socorro y esperamos la ayuda.
[…]
Dos semanas después de nuestra llegada, la arcología se había ocupado casi al 100%. El nuevo reactor se había instalado y todo el mundo se sentía feliz de volver a su rutina, preparando una posible recolonización.
Bueno, en realidad no todo el mundo. Algunos trasnochados se habían atrevido a lanzar afirmaciones gratuitas y desde las sombras, como siempre hacen. Propagaron la falacia de la existencia de una arma de destrucción masiva en poder del ejército, sin duda para socavar nuestra autoridad en el planeta. El mensaje, un mensaje de texto enviado a todos los dispositivos de datos de la expedición, se lanzó desde un dispositivo que utilizó el sistema arcaico de la arcología para enmascarar su origen.
Fue el coronel quien encontró el dispositivo, después del derrumbamiento y avería del reactor.
Aún se desconocen las causas del derrumbamiento, pero sospecho de los periodistas, cuyas actividades subversivas se hacen más claras a cada momento que pasa. No me extrañaría que formaran parte del entramado terrorista que amenazó nuestra seguridad durante el viaje. Fuera como fuese, ha supuesto un punto de inflexión en nuestra misión. Hemos tenido decenas de muertos y heridos graves. El oficial médico tomó la decisión tajante y difícil de tratar solo aquellos con posibilidad de salvarse, debido a la falta de suministros apropiados. No será una decisión popular, de eso estoy seguro, pero necesitamos más hombres como él si queremos que todo esto que hacemos llegue a buen fin. Las familias de los muertos terminarán por comprenderlo si son inteligentes.
La avería del reactor parece estar relacionada con la reactivación del antiguo, aunque la información es contradictoria y aún no estoy seguro. No me dio tiempo a analizar los datos; fueron el coronel y el Dr. Arguer quien lo repararon a través de la consola del reactor antiguo. Tuvieron mucha suerte en su labor, ya que lograron estabilizarlo antes de que las singularidades provocadas por el malfuncionamiento del reactor nos hicieran volar por los aires.
Fue cerca del reactor donde encontraron el dispositivo desde donde se emitió el mensaje insidioso y también desde donde se detectó una extraña señal que interfería con el sistema principal de la arcología (y tal vez con el funcionamiento del reactor).
El coronel no dudó ni por un segundo en marchar hacia el foco de esa extraña señal. Cuál no sería su sorpresa al dar con algo inesperado: en lugar de tratarse de la guarida de descontentos de la expedición, localizó una extraña construcción, que pronto se ha bautizado con el nombre de Espina. La Espina surge de las raíces del propio planeta y se eleva hasta los cielos… No sabemos nada más, ya que el coronel montó enseguida un perímetro de contención y ha prohibido que se acerque nadie ni que se difunda la noticia hasta nueva orden. Ardo en deseos de investigar el lugar; podría ser lo primero realmente interesante que encontramos en la expedición. Supongo que no tardaré mucho en poder acceder a la Espina, sobre todo después de que el coronel haya declarado la ley marcial tras los actos de sabotaje que se han sucedido estos días. Muerto el presidente del consejo y con el caos tras el derrumbamiento de la arcología era el único camino a seguir. Aunque aumentará la intranquilidad en los civíles, ésto ha dejado de ser una operación de sencilla exploración. Dejo de serlo desde que pusimos un pie en el planeta.
[…]

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kether

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