Némesis

Bitácora del Dr. Julian Arguer

Bitácora - Sesión 2 (Conflicto)

¡Que la Madre Tierra nos proteja! se eleva como nada lo ha hecho antes delante de mí, se pierde en el cielo y la vista no es capaz de determinar dónde termina…ni que raíces tan profundas tendrá. La hemos llamado “La Espina”…y aunque creo que comenzar por el principio puede ayudar no resolverá todas las dudas que me surgen delante de semejante fenómeno de ¿la naturaleza?.

Soy Julian Arguer, xenogeólogo jefe en la expedición a Uvenn. Cuando me ofrecieron el destino soñado por cualquier especialista en mi campo en la fundación Sagan, solamente dude 30 segundos, ahora mirando atrás comprendo que tuve por lo menos que reflexionarlo 30 años. Mi ambición científica me cegó para llevarme también a mi hija conmigo, que acaba de terminar su tesis doctoral en “Degradaciones geológicas en ambientes no-ordinarios”. Cuando desperté a bordo del trasbordador mi hija había sufrido graves problemas respiratorios que aun hoy amenazan su vida por culpa del sabotaje en la nave. En ese momento aún no me di cuenta de las graves deficiencias en seguridad y responsabilidad que estábamos sufriendo. Me volqué en atenderla día y noche y cuando por fin llegamos a Uvenn, mi hija me obligo a aceptar ser uno de los miembros de la primera expedición que bajara al planeta.

El grupo era de lo más heterogéneo, y para esta misión a mi entender algo absurdo. Cuatro hombres armados, dos miembros sanitarios y solamente yo como científico. ¿Desde cuándo esta misión había dejado de ser civil y de rescate para ser tan claramente militar?
Mis primeras observaciones de Uvenn y por las infografías y documentación anterior a la perdida de señales me hacían suponer que ciertas formaciones rocosas podrían ser muy interesantes de estudiar, así que recomendé al conductor del vehículo tomar esa ruta para poder hacer un primer estudio de campo. Me quede asombrado por las caras de estupefacción y el claro poco respeto que tenían por mi opinión científica. Cuando paramos solamente dicho conductor y yo bajamos a tomar muestras y reconocer el terreno, el resto de los miembros prefirió quedarse dentro del vehículo…¡¡¡ayyy!!!, como me recuerda esto al problema que vivimos con nuestros jóvenes en nuestros hogares y como ya nada les interesa ni les incita la curiosidad. Mucha mente vaga era lo que había allí concentrado. Menos mal que el joven, el Teniente Roland, al que desde aquí agradezco su interés y su preocupación hacia mi seguridad, parece una mente despierta, una mente formada.

Mi regocijo fue supremo cuando comprobé que en las partes solidas (ya que había gran concentración de lagunas y pantanos) del terreno había una gran proliferación de minerales muy útiles y de gran valor. Debo encontrar respuesta a por que aun a pesar de su cercanía a la arcología a la que nos dirigíamos aquel lugar no había sido explotado mineralmente hablando.
Ante el nerviosismo por la fauna local y la insistencia desde el vehículo para que nos fuéramos, tuve que terminar precipitadamente mis primeras valoraciones y proseguimos hacia la arcologia.
Por aquel lugar hacía mucho tiempo que no habitaba ni un alma, estaba, por lo menos estéticamente, en un estado de completo abandono. Además, parecía que un gran conflicto o problema había acaecido entre sus cuatro paredes. Nos encontramos con diversos problemas para entrar empezando con que los códigos no funcionaron y con que las puertas estaban selladas..¡¡Desde dentro!! Empecé a pensar que dentro hallaríamos un ambiente completamente insalubre por los cuerpos descompuestos de los antiguos habitantes de la arcologia. Pero no fue así, no quedaba ni rastro de ellos y solamente en los rastreos posteriores pudimos hallar algo que se asemejaba a un resto biológico.

Las grandes ideas y la descoordinación reinaron desde el momento en que el Coronel decidió tomar el mando y todas las decisiones sobre planificación y el reconocimiento, primando las absurdas decisiones militares a los bien fraguados pensamientos racionales. Un clarísimo ejemplo de esto fue que se permitiera a James Callaghan y su mujer separarse del grupo principal, poniendo en peligro sus vidas y comprometiendo el éxito de la misión como así sucedió cuando ella quedo atrapada por una puerta y tuvimos que discutir acaloradamente sobre la resolución del problema. No tengo miedo de admitir que todos los demás miembros de la expedición optaron por una “solución quirúrgica” del problema, literalmente. Menos mal que Yakov Seurel y yo pudimos en esa ocasión imponer el sentido común y la humanidad y salvar a la joven de perder la pierna. Aunque creo que la posición de Seurel era meramente aparente para granjearse las simpatías perdidas en la nave a raíz de su anterior decisión en la que perdieron la vida 30 personas, salvando la del Coronel, mientras que a mí solo me movía la necesidad de salvaguardar aquello que nos hace humanos: la compasión y la empatía hacia los demás. Y es que si perdemos hasta lo más básico, ¿que nos queda para poder mirarnos al espejo por la mañana?

Tras muchos periplos y descalabros que otros ya han reflejados en sus informes, conseguimos reiniciar el sistema y dotar al complejo de los sistemas de soporte necesarios para colonizar la arcologia.

Durante dos semanas estuve muy ocupado yendo y viniendo al yacimiento al que se ha denominado de manera oficial para que así conste en los registros “Yacimiento Arguer”, pero creo que debería conocerse popularmente como “Yacimiento de los 30” en reconocimiento simbólico a aquellos que perdieron sus vidas en la nave.

Hasta que un día como otro cualquiera se produjo un derrumbamiento y un grave fallo en el reactor. Menos mal que por una vez, dejaron que trabajáramos los técnicos para su reparación. Fui convocado inmediatamente a la arcología y tras poner en peligro mi vida en varias ocasiones conseguí llegar al núcleo que fallaba y amenazaba con provocar una singularidad de consecuencias impredecibles. Entré, aun a pesar de las advertencias de peligro por radiación solamente pensando en el bienestar de mis conciudadanos y que de fallar en esta ocasión se pondría en peligro toda la misión de recolonización. Tuve que obligar al Coronel a entrar conmigo para que introdujera los códigos que le iba indicando en la consola de control y rápidamente solucionamos el problema gracias a mi pericia, no sin antes sufrir una fuerte descarga eléctrica. Al parecer y según nuestras investigaciones todo apuntaba a que habían entrado en conflicto los dos reactores, pero había algo más…una interferencia externa. Así, llegamos a la Espina.

Tenemos que lamentar la pérdida de algunas vidas preciosas para la misión, entre ellas la de nuestro presidente civil y el vacío de poder ha sido aprovechado por el poder militar para llevar a cabo una declaración de ley marcial que esperamos no se alargue más allá de lo justo. Mientras, la democracia tiene que continuar y recalco que esta es una misión civil y el control debe volver a manos civiles.

Así que, oficialmente, presento mi candidatura para la presidencia de la misión, y sin falsa modestia por mi parte, me considero la mejor elección. Nuestra misión ahora corre graves peligros: La incompetencia de los que están al mando, el peligro de una revuelta civil instigada por los terroristas y la segura represión por parte del ejército que solo creará más odio y resentimiento.

Tengo grandes ideas y propuestas para Uvenn, que desvelare próximamente cuando sean declaradas oficialmente inscritas las candidaturas y, lo digo sinceramente, por la posible represión militar a mis ideas.

Un saludo conciudadanos, y que la Madre Tierra nos ayude a todos.

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kether

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